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Todo lo que debes saber sobre la educación Waldorf

Publicado en Papás y Mamás de Univisión.

Foto: Centro Educativo Federico García Lorca.
Cuando busqué escuelita para mi primer hijo, me sentí abrumada por la amplia oferta de sistemas educativos y lo distintos que son entre ellos. Escuelas tradicionales, constructivistas, Montessori. Algunas con tintes de escuela activa y algunas más que replican los esquemas de otros países volviéndose propuestas biculturales y que enseñan otro idioma al parejo del español desde muy temprana edad.

Sin embargo, tenía muy claro que mi hijo tenía apenas dos años y que por lo mismo me resultaba muy difícil saber cuál sería la mejor escuela para él. Todo lo anterior resultaba una decisión que me llenaba de angustia. Sentía que si me equivocaba, sería fatal para el futuro académico de mi niño, al cual yo percibía como un bebé “más bebé” que otros. A sus dos años con tres meses, apenas pronunciaba unas cuantas palabras y era muy introvertido. Me parecía muy absurdo meterlo a un lugar en el que le empezarían a enseñar otro idioma y lo encarrilarían en un sistema de repeticiones que si a mí no me hacían ningún sentido, a él seguramente menos. La recomendación de mi marido fue muy clara y simple: “Cuando vayas a ver una escuela, fíjate en que los niños se vean felices”.

Debo reconocer que me pareció un tanto rara esa premisa. ¿Pues qué no en todas las escuelas los niños eran felices? La respuesta la obtuve con solo ver un kinder, de los más alternativos y más recomendados. Todo el discurso y las prácticas que tenían en teoría se escuchaban hermosas, las instalaciones eran espectaculares, pero al ver a los niños los noté demasiado serios, callados, se podría decir que hasta deprimidos.

Entonces fui a ver una segunda escuela de la que no sabía mucho más que la información que había visto en un volante y que me pareció interesante: hablaba de que en la infancia hay cosas más importantes que aprender que lo académico.

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En cuanto entré a la escuela me enamoré de todo: era una casita hermosa en la que reinaba la paz y se escuchaba todo el tiempo la risa de los niños. Después de hablar con la coordinadora, no necesité ver más opciones. Mi hijo estuvo ahí tres años y fue una gran experiencia y aprendizaje no solo para él, sino también para nosotros como padres. A lo largo de esos años aprendí mucho sobre lo que es la educación Waldorf. Antes de terminar el preescolar, tuvimos que dejar el sistema por falta de opciones para seguir la primaria, pero aquí les cuento lo que aprendí sobre ella.

Basada en el movimiento de la antroposofía de Rudolf Steiner, la pedagogía Waldorf se centra en aspectos fundamentales como qué aprender, cuándo y cómo, preparando integralmente a los niños para vivir en plena armonía, explica el sitio web de una de estas escuelas.

Algo muy controvertido del método es que retrasan los conocimientos académicos hasta que el niño cumple 7 años, lo cual causa mucha inquietud en los padres, pues en otras escuelas se empieza con la lectoescritura a los tres años.

Esto tiene explicación en que en la pedagogía Waldorf todo se maneja por septenios (ciclos de siete años) y durante el primer septenio lo más importante a trabajar es lo social y el contacto con su propio ser y con la naturaleza.

Por eso se realizan muchas actividades en equipo, como caminata en el bosque o fabricación de pan, construcción de estructuras de bloques, pero también trabajos individuales que requieren mucha concentración como tejido con dedos que después serán en telar, modelado de cera o pintura con acuarela.

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Todos los materiales que se usan son naturales, de madera, lana o tela de algodón. En las escuelas Waldorf los ambientes son de colores pastel, todo evoca la suavidad y la naturaleza.

Algo que se trabaja especialmente en el preescolar de una escuela Waldorf es el movimiento y la voluntad. Es eso lo que después los llevará a lograr rápidamente los conocimientos de lectoescritura y matemáticas que en otros sistemas introducen de manera temprana. También a practicar la concentración y a valorar las cosas.

La pedagogía Waldorf se centra además mucho en las artes (música, pintura, baile), los niños toman siesta como parte del proceso de aprendizaje y el juego libre es fundamental para el desarrollo de su creatividad. Muchas veces esta formación es percibida como inútil, pues “se pierde tiempo” para desarrollar las capacidades académicas que se enseñan en otras escuelas, pero una formación Waldorf continua promete formar profesionistas apasionados por su tema, sea cual sea, y por lo tanto, felices. La antroposofía de Rudolf Steiner, en la que se basa la pedagogía Waldorf, es muy compleja pero con lo anterior intentó dar una idea general.

Esta pedagogía es muy parecida a los principios de la educación en Finlandia, país con el mejor sistema educativo del mundo. ¿Qué te parece? ¿Te gustaria una educación así para tus hijos? Te dejo un video que explica cómo se vive el día a día en un preescolar Waldorf.

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Escribo, bloggeo, cocino, medito. Soy madre de dos hermosos niños. Me gustan las cosas bonitas.

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