Reflexiones maternales
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3 actitudes que mis hijos solo pueden aprender de su padre

Texto anteriormente publicado en Todobebé

Ilustración via http://rogerwilkerson.tumblr.com/

Cuando nos enteramos que nos convertiríamos en padres, la prueba de embarazo con el resultado positivo se quedó en el baño como el innegable indicador de que nuestra vida había cambiado para siempre, y mi-entonces-novio y yo nos sentamos en la sala a sostener una plática de lo que nos esperaba en el futuro cercano. No lo habíamos planeado y aunque en ese momento no brincábamos de emoción (esa reacción llegaría una semana después), tomábamos la noticia con la mejor actitud de la que éramos capaces pues, al final, tampoco era algo que no hubiera pasado por nuestras mentes al llevar ya un año viviendo juntos y con el proyecto de hacerlo por mucho tiempo más.

Ambos nos sentíamos abrumados, mareados, en estado de shock… Sin embargo, nuestras preocupaciones se distinguieron claramente. Mientras mi cabeza se llenó de preguntas cuyas respuestas podían encontrarse en los best sellers de maternidad -como por ejemplo, qué seguía con los cambios en mi cuerpo, qué podría esperar del nacimiento, cómo cuidaría a mi bebé- y también con factores de logística, haciendo cuentas de cuándo nacería, pensando qué necesitaríamos y sobre todo, cómo haríamos para seguir trabajando y cuidar del bebé, mi marido se hizo una sola gran pregunta. Una nada más, que resultó una inquietud tremendamente existencial. Me preguntó realmente consternado: “¿Y yo qué le voy a enseñar a un hijo?”

Sus palabras y la emoción que imprimió a las mismas fueron tan contundentes que aunque han pasado más de 8 años desde que las pronunció, yo todavía recuerdo la escena con tanto detalle que podría describir incluso la intensidad de la luz que entraba por los ventanales de nuestro departamento e iluminaban más el lado izquierdo de su cara. Es muy probable que él haya olvidado ya el episodio pero hoy, tras exactamente ocho años y medio de ver cómo es como padre, tengo tres respuestas a su profundo cuestionamiento.

 

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Imagen de The Vintage Collection from Ladybird Books

 

Él, a diferencia de mí, les enseña a nuestros hijos…

1-    A divertirse No es que yo sea un amargo gendarme -aunque cuando me enojo mis hijos me dicen “mamá monstruo” o “mamá mala”- de hecho soy mucho más “barco” de lo que parezco, pero debo reconocer que en el día a día no procuro a mis hijos tantos momentos de esparcimiento como lo hace su papá cuando está con ellos. Por alguna razón, los hombres tienden más a vincularse con sus hijos a través del juego más de lo que lo hacemos las mamás. Quizás tenga que ver con que generalmente nosotras tenemos que hacernos cargo de las cuestiones prácticas, de los deberes cotidianos, y al entrar en un esquema de rutina, la diversión queda en un plano secundario. Sin embargo, he visto una buena cantidad de videos que prueban que hasta en las acciones más comunes, como peinar a una niña o hacer ejercicio mientras se cuida al bebé, los hombres siempre son capaces de encontrar el aspecto lúdico. Por algo se han ganado el título de “Niños grandotes”. Si se van solos al parque, es probable que el niño regrese empapado porque jugó DENTRO de una fuente, o bien que los dos entren por la puerta cubiertos de lodo porque mantuvieron un partido de futbol en un campo pantanoso. Si les pides que los duerman, seguramente tendrás que ir a detener una lucha de almohadas 20 minutos después… Si de contar el cuento se trata, seguirán durante tanto tiempo que también tendrás que ir a apagarles la luz porque hace hora y media que pasó la hora de dormir. Eso y cuanta anécdota gusten agregar. Papá los deja hacer más de lo que nosotras permitimos porque no se están preocupando de que se lastimarán, se enfermarán, se ensuciarán o se desvelarán y eso es muy sano para los niños.

2- A no tomarse todo a la tremenda Cabe la posibilidad de que esto algo que tenga que ver con tipos de temperamento, pero creo que ser una drama queen suele ser una característica particularmente femenina. En nuestro caso particular, yo soy mucho más “tremendista” que mi esposo, por lo cual, a tomar las cosas con calma solo los puede enseñar él, especialmente en relación con cómo reacciona él ante mis exageraciones. Mientras yo soy obsesiva de la puntualidad, él les ha dejado claro que no pasa nada por llegar unos minutos tarde. Cuando yo siento que es el fin del mundo porque algo no está fluyendo, él siempre me recuerda que nada es definitivo y que todo cambia, y que independientemente de las condiciones, cuánto sufriremos lo determinará nuestra actitud. Esto se puede aplicar a cuando hay tal caos a la hora de la comida que se corona con el derrame de media jarra de agua limón que deja todo pegajoso por más que se limpie una y otra vez, o con una preocupación ante un diagnóstico de salud incierto en un panorama que podría resultar fatal. Esas son las cosas que se viven como padres de familia, y que en la medida que uno de los dos es la luz para el otro, también lo es para toda la familia. Mi marido es el farolito de la casa y mis hijos le aprenden a combatir la oscuridad al verlo ser tan zen.

3- A ser hombres cariñosos Eso de los hombres no lloran, o no besan a otros hombres, o que no dicen “te quiero”, no va para nada en mi familia de varones. Éste es un punto que agradezco especialmente pues por un lado yo manejo un lenguaje del amor distinto al de mi esposo; es decir, demuestro mi devoción de muchas maneras que no necesariamente son caricias: realizo actos de servicio, tiendo a pensar en detalles, me gusta dar regalos, etcétera. Por eso, que su padre sea muy “apapachón”, les da ese balance a los niños. Y por otro lado, a pesar de que yo los cargue, los abrace y los bese cada que puedo, me parece especialmente importante que lo vean y aprendan de su papá. Me encanta que con esto como con otras cosas dignas de un neopapá mi marido le da a mis hijos un gran ejemplo que rompe, en muchos momentos de nuestras vidas, estereotipos de género, esos que nos molestan tanto. Sospecho que de haber tenido una niña tendría que estar luchando para que no la consintiera tanto que la cría actuara como princesa (eso, creo no sería tan grave), sino como una déspota ilustrada. Sin embargo le daremos el beneficio de la duda dado a que nuestras combinaciones cromosómicas no parecen favorecer a las X, pero de haber sido así tengo que aceptar que estaría muy tranquila de que mi hija encajara en la teoría freudiana de elegir una pareja que le recordara a su padre.

 

Estos tres puntos aparte, el padre de mis hijos les enseña a hacer lo que él disfruta y algo que le admiro mucho es que, a diferencia mía, jamás se distrae con su teléfono cuando está pasando tiempo con los niños. Eso además les manda el mensaje de que ellos son importantes para él, reafirmando su autoestima ¿puede haber algo más valioso?

En resumen, el padre de mis hijos les enseña a DISFRUTAR. A estar presentes. A todo eso que a mí a veces se me complica un poco más.

Cada una de las personas que se involucran en la crianza de un niño, aporta algo único a la formación del mismo, y estoy segura de que los papás de sus hijos también les enseñan actitudes que resultaran muy valiosas para su formación. Cuéntenme cuáles son.

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También del Tumblr de Roger Wilkerson

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